El sector agroexportador como programa social

Para el neófito en la materia van estas pocas líneas sobre un sector que está sobre el tapete estos días. La agroexportación es un negocio global, donde los clientes suelen ser las grandes cadenas de supermercados o los empacadores que usan como intermediarios.

Los proveedores principales son las grandes compañías de agroquímicos, que se han ido consolidando a raíz de los altos costos de investigación y desarrollo. La competencia es global y muy exigente; es decir, una empresa en Perú no compite con sus vecinos del valle de al lado, sino con otra empresa en Sudáfrica, Egipto, Zimbabue o Guatemala.

El sector tiene elevadas barreras de entrada, pues se requieren hacer economías de escala para enfrentar los volúmenes requeridos por los clientes, tener costos competitivos con los proveedores y manejarse en un mercado global, donde para conocer a los competidores hay que vivir en un avión recorriéndose las ferias y mercados internacionales para vender las cosechas.

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El sector tiene la peculiaridad de requerir, cada vez más, tecnologías de punta en toda la cadena. Desde las siembras, donde la biotecnología (sin hablar de transgénicos) hace falta para clonar las plantas madres más productivas, pasando por el manejo agronómico, donde se exigen más y más fertilizantes y controladores de plagas y enfermedades que no dañen el medio ambiente, con sistemas increíbles de optimización de uso del agua (con microcomputadoras para el control), llegando a la cosecha y post cosecha, donde se requieren cada vez más sistemas de preservación y atmósfera controlada, que permiten mantener la calidad de los productos durante varias semanas para hacerlos llegar a los consumidores más lejanos.

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Deberíamos sentirnos orgullosos como peruanos de tener un sector que se ha puesto en el mapa del mundo sobre la base del esfuerzo privado, con la valiosa ayuda de un marco regulatorio favorable por el lado del Estado. Pienso además que la agroexportación puede ser vista como un programa social exitoso, que ha generado cientos de miles de puestos de trabajo, sacando de la pobreza a muchas familias. Basta ver las bajísimas tasas de desempleo en las regiones donde están situadas las operaciones agroexportadoras para corroborar lo dicho. ¡Mano de obra barata! dirá algún ácido lector. Debería ver la evolución del jornal en los valles agroexportadores para darse cuenta de cómo han mejorado las condiciones de los obreros de campo. Además, las certificaciones requeridas por los clientes internacionales no sólo exigen reglas sociales claras a las empresas agroexportadoras (pago de beneficios sociales, seguros, controles médicos, etc.), sino que han llevado a que el obrero de campo reciba cualificación en temas como salud e higiene, nutrición, o cuidado medio ambiental, que jamás hubieran recibido del Estado. No, no creo que haya ningún programa social del Estado, menos aún llevado adelante por privados, que iguale al sector agroexportador y que haya sido tan exitoso en su impacto.