Crisis y oportunidades

Las crisis pueden alterar incentivos y motivaciones, cuestionar los enfoques tradicionales y conducir a nuevos comportamientos. En ese sentido, las crisis son una oportunidad.

Perú ha sido testigo de una espiral de conflicto entre poderes del Estado o representantes de los mismos, que desembocaron finalmente en la renuncia de un presidente. En el momento de la asunción del mando, el ahora presidente Martín Vizcarra propuso al Congreso: “Podemos transformar este difícil momento en una nueva etapa política”. En efecto, ante un contexto extraordinario, se abren oportunidades inéditas para implementar estrategias de cambio.

Si bien suelen ser peligrosas, costosas y perjudiciales, las crisis también pueden ser útiles para tomar medidas que permitan alcanzar situaciones más satisfactorias. El reconocimiento público de que viejos esquemas han colapsado favorece la implementación de reformas y el cambio de paradigmas. Piénsese en las condiciones del país a inicios de la década de los noventa, específicamente en la inestabilidad macroeconómica; la situación se había deteriorado a tal extremo que fue relativamente sencillo implementar reformas de “primera generación”, incluyendo, por ejemplo, el fortalecimiento del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Ello no significa que las crisis sean indispensables para lograr un cambio, pero pueden facilitar su realización.

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Superar la crisis y trazar una trayectoria más positiva es en gran parte un tema de liderazgo, que debe ser capaz de exigir de las personas niveles de desempeño por encima de lo ordinario y, con frecuencia, que trabajen juntas en formas nuevas. En efecto, las crisis ponen en evidencia que los niveles de desempeño que se venían observando eran inadecuados. Por ejemplo, en las circunstancias actuales, se ha generado un claro rechazo hacia comportamientos de representantes y funcionarios que han fomentado o permitido corrupción. Estos comportamientos ya no pueden pasar desapercibidos sin que los gobernantes tengan mayor responsabilidad. Las consecuencias han sido tan nefastas que debería ser mucho más sencillo para un líder decidido lograr reformas en este campo.

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Al asumir la presidencia ante el Congreso de la República, Martín Vizcarra anunció que las prioridades para su gestión son lucha contra la corrupción, educación, estabilidad institucional y recuperación de la gobernabilidad. A diferencia de lo ocurrido con Kuczynski en julio de 2016, Vizcarra fue aplaudido por congresistas de todos los grupos políticos, incluido Fuerza Popular. Y, en el sector empresarial, se ha generado una sensación de mayor confianza.

Una crisis no siempre tiene que ser una catástrofe. A veces puede ser un trampolín para alcanzar niveles más altos: una gran reforma para reducir la corrupción, menos ruido y más colaboración, tasas más elevadas de crecimiento económico, mayor empleo adecuado y una reducción más rápida de la pobreza.

Artículo original publicado en el Diario Gestión 14-05-2018