Las dos caras económicas de Alan García cuando fue presidente del Perú

El Comercio.- Hiperinflación; intis; leche enci; colas; escasez. Son palabras que despiertan recuerdos de una generación golpeada por la crisis económica y social, y que están ligadas directamente al primer gobierno del fallecido ex presidente Alan García Pérez.

Este fue, justamente, el periodo que estuvo marcado por la peor crisis económica que sufrió el Perú.

Un 14 de abril de 1985, tuvieron lugar las elecciones presidenciales donde García (Apra) se impuso con un 52% de los votos, convirtiéndose en el presidente más joven en la historia de la República con 36 años.

Heredero de las deudas del último gobierno de Fernando Belaúnde (1980-1985), al asumir a partir del 28 de julio la presidencia del Perú, el ex mandatario adoptó un “Programa de Emergencia” que involucraba directamente a la actividad económica peruana.

En su “Memoria 1985”, el Banco Central de Reserva (BCR) precisa que los objetivos principales del plan heterodoxo de García eran combatir la inflación a través del reajuste de algunos precios y establecer las bases para reactivar la producción nacional.

Además de reajustar y congelar precios, el modelo heterodoxo implicó también un aumento salarial para que la demanda interna creciera.

La premisa de su gestión era generar un círculo virtuoso para el aparato productivo peruano e incrementar el empleo, pero, dada la presión de la deuda externa sobre las reservas internacionales, empezaron sus malas decisiones en la economía que trajeron graves con-secuencias para el país.

EL ORIGEN DE LA CRISIS

​El plan implementado por García, al principio, parecía ser exitoso: la inflación pasó de 12,5% en abril de 1985 a 3,5% en septiembre del mismo año, los precios de los productos bajaron—debido a la subvención que aplicaba el gobierno— y aumentó el salario (18%) de los trabajadores.

La popularidad del entonces presidente crecía en la nación, incluso a nivel de Sudamérica. Sin embargo, las cosas no tardaron en cambiar.

En 1986, a falta de ingresos suficientes y de inversión para reactivar la economía, el gobierno recurrió a préstamos extranjeros que más tarde se volvieron insostenibles; y la decisión de limitar el pago de la deuda externa al 10% de las exportaciones le mereció al Perú ser considerado como un “país no elegible” por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El libro El péndulo peruano (1991), de Efraín Gonzales y Lilian Samamé, nos recuerda que así, a inicios de 1987, el país iba directamente a una crisis de reservas. A pesar de medidas como disminuir el gasto público, el resultado fiscal promedio del período fue cercano a 10% del Producto Bruto Interno (PBI) como reflejo de la caída de la recaudación.

Menguada la reputación del Perú a nivel internacional, el país dejó de recibir apoyo financiero internacional. La devaluación del inti frente al dólar un año más tarde— antes, US$1 equivalía a 1 inti; más tarde, se necesitaba 175.000 intis para obtener US$1—, los subsidios estatales, el control de tipo de cambio (conocido como dólar MUC), el incremento de los precios, los salarios estáticos, las escasez de alimentos, una galopante inflación (en 1987 llegó a 114,5%) y la pobreza extrema golpeada fuertemente por el terrorismo, hicieron entrar al Perú en una crisis irreversible.

La contracción de la economía se focalizó en los sectores minería y manufactura, aunque comercio y servicios también se contrajeron. La caída fue guiada por exportaciones y se acentuó por un gasto público procíclico, con caídas tanto en el consumo como en la inversión pública. La inflación promedio del quinquenio fue cercana al 1.000% anual, lo que significa que los precios se multiplicaron por más de 140.000 en el período.

A esto se sumó un hecho determinante para el desarrollo de la crisis peruana ocurrido en el 87: la decisión del gobierno de García de estatizar los bancos, para así tener un control del tipo de cambio y de factores financieros.

Como resultado, todos los bancos extranjeros cerraron y se fueron del país, empeorando la situación económica del momento al mismo tiempo que las reservas internacionales siguieron decayendo.

Todos estos acontecimientos, sumados a la crisis social y política del momento, llevó al país a una profunda crisis económica que la hizo ser para siempre un triste ejemplo en la historia de las peores economías de la mundo.

Así, para Diego Macera, gerente general del Instituto Peruano de Economía (IPE), la principal manifestación de este descalabro económico fue, en efecto, la inflación y escasez, “que tuvo como principal consecuencia la destrucción del aparato productivo del Perú y que nos tomó décadas superar”. “Es un poco herencia, ideología del momento y una cuota enorme de responsabilidad por malas decisiones”, acota.

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

​Tras un periodo de ausencia en la vida política y exiliado durante ocho años en Colombia, regresó en 2001 para postular a la elecciones presidenciales que perdió contra Alejandro Toledo. En el 2006 probó suerte nuevamente, ganado las elecciones en segunda vuelta (48,14%) contra Ollanta Humala.

En su segundo gobierno (2006-2011), después de 21 años, García recibe por parte de su predecesor una economía estable y en crecimiento, que le permitió reivindicar su política económica.

Se convirtió un en abanderado y defensor de la inversión extranjera y local, algo que, de acuerdo a Macera, se conoció como el “Alan reconverso” que “ya veía a capitales privados como un aliado necesario de su gobierno”. “Este periodo se vio empañado con lo que ha salido después: negocios turbios, escándalos como Lava Jato, y una sombra sobre las asociaciones público privadas”, menciona Macera.

La coyuntura externa favorable ayudó a que la economía peruana alcanzara su mayor dinamismo de la historia reciente. Los ejes del crecimiento fueron comercio y servicios, que, además, son actividades intensivas en generación de empleo. La inversión privada tuvo un impulso constante a lo largo de todo su gobierno, llegando al 19,1% del PBI. Por su parte, la inversión pública fue menos favorecida logrando un 4,8% con respecto al PBI.

Sin embargo, el crecimiento de las exportaciones (favorecidas por altos precios internacionales) ayudó a que la posición fiscal lograra incluso ser superavitaria a pesar de la expansión del gasto público.

“Hubo un impulso bastante obvio, agarrando la mejor parte del superciclo de los commodities. Eso tuvo una consecuencia fuertísima sobre las exportaciones y el movimiento económico en general en el Perú. (…) Pero es justo también decir que en su gobierno hubo una sensación de promoción de inversión privada que quizás perdió el impulso en los siguientes gobiernos”, indica Macera.

El PBI creció cerca del 8% en su primer año (2006), pasando al 2008 casi al 9%; aunque a consecuencia de la crisis mundial, en 2009 el país solo creció un 1,12%, al año siguiente se elevó nuevamente a cifras similares al 2008, alcanzado el PBI un crecimiento de 8,78%. Como cifra promedio, a lo largo de los cinco años de su segundo gobierno, el PBI del país llegó al 7,2%.

Otros indicadores económicos también crecieron durante este segundo periodo de gobierno. La inversión privada, con una línea base de US$ 48.772 millones pasó a US$ 116.122 millones, logrando un avance de 116,1% respecto a su meta. La inversión pública también logró un avance importante (91,9%), pasando de US$ 9.557 millones (línea base) a US$27.585 millones.

La deuda externa dejada por el último gobierno de García era de 31,3% del PBI. En su segundo gobierno, según datos del MEF, logró un significativo cumplimiento, llegando a un avance del 102,2%, lo que supuso un pago del 12,6% del total.

Asimismo, la inflación se mantuvo controlada a lo largo del periodo 2006-2011, teniendo una variación porcentual anual promedio de 2,9%.La desnutrición crónica se redujo y pasó de 22,9% a 17,9%.

Para el número de empleos creados también hubo cifras alentadoras, se crearon cerca de 2´260.045 puestos de empleo, de la meta que fue fijada en 1´500.000 (un avance del 150,7%).

Los elevados precios, paquetazos, hiperinflación, escasez de alimentos, subsidios estatales, deudas externas y un largo etcétera quedaron el pasado. Según cifras del Banco Central de Reserva (BCR), el segundo gobierno de García dejó reservas internacionales mayores a US$ 47.000 millones. Por último, un hecho que se sumó al auge económico del mandato de García fue la época de bonanza que vivió el país a partir de su apertura comercial. Esto trajo como consecuencia un aumento en las exportaciones peruanas tradicionales pero sobre todo en las no tradicionales.

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